Muchas personas quieren recurrir a tratamientos de belleza, pero tienen miedo a cambiar sus rasgos, su expresión, su cara en general. Y es normal.

Cada día vemos en televisión rostros que ya no conocemos, caras extrañas… así que es evidente que eso existe. Por eso cada persona ha de pensar primero qué quiere, para saber dónde acudir. Porque no olvidemos que hay gustos para todo, y en gustos no puede uno meterse.

Pero desde luego, yo abogo siempre por la naturalidad, por la armonía del rostro, por no hacer nada que no entre dentro de mis cánones de belleza, porque cada caso es una muestra en la calle de nuestro trabajo, y ha de reflejar nuestra esencia y buen hacer.

Disfruto viendo lo espléndidas que están personas que hemos cuidado durante tantos años. Y a día de hoy conseguimos esa petición tan común, aparentemente contradictoria, y que tan rara suena de: “quiero que se note, pero que no se note”.

El objetivo está en lucir lo mejor posible a cada edad. Y, afortunadamente, la belleza con cabeza, existe.

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